Escribir es importante para saber que la vida existe

Han sido meses en que he sentido aflorar mi tierna sorpresa tercer mundista ante la cantidad de comodidades comunes en los hogares europeos. La larga historia de electrodomésticos con los que ni hemos soñado en Latinoamérica. Como lavaplatos, un robot que licua, cocina y prepara platos adaptados a la comida típica de cada país.

El anhelo de desarrollo sostenible, por ejemplo, en que una ciudad pudiera tener ciclovías aptas para disminuir la cantidad de autos, existe. Se llama Copenhague (o alguna otra ciudad de Dinamarca) con un hermoso plan estratégico para el uso de bicicletas del 2018 al 2021, donde los sistemas de transporte se interconectan. Como ingeniera consultora en temas de prospectiva y planeamiento estratégico, lloro. Lloro de emoción al observar que eso en una realidad existe. Y, lloro más, al saber que Lima, la capital de Perú, esta tan mal planeada y tiene dirigentes políticos tan sagaces que la simple propuesta de un mayor disfrute del espacio urbano, ciclovías es descartada. El contraste halaga a la lógica aplastante.

En seis meses en Dinamarca usando el transporte público solo una vez el bus ha llegado tarde, por dos minutos y tuve la razón de molestarme: estábamos a menos cinco grados. ¿Dime si esta gente lógica, donde ir de un lado bajo cero es tremendo esfuerzo, te va a entender excusas si te demoras? Aquí llegas a tiempo o llegas a tiempo.

Puentes que unen un lado de la ciudad con el otro. Un país con el otro (Suecia y Dinamarca). Túneles que van debajo de ríos con una naturalidad extrema. Parece que el mundo desde siempre fuese así; que calcular las curvas, los ángulos y hacer el hoyo en una montaña fuese desde siempre: simple.

Soy consciente de las grandes obras de la arquitectura que también existen en Latinoamérica, son varias. Panamá y su canal, su fuerte intercambio comercial y la sabrosa mezcla de profesionales de varios países que ahí conviven. Perú, la central hidroeléctrica del Mantaro, es una realidad. Está Machu Picchu, obra de arquitectura e ingeniería histórica. Están planes a futuro, de carreteras Interoceánicas… Pero también, soy consciente de la diferencia de los desafíos; en Latinoamérica están relacionados a la espera por la dilatación de la lógica y el sentido común. Las personas esperan años por una buena carretera, una mejor educación, como consecuencia de trabas de falta de sentido común y corrupción. La dilatación del tiempo y normalizar tratar a las personas como si fuesen idiotas en lugar de confiar en el criterio de que la educación ES BUENA. Si comparamos movimientos feministas paralelos, en los dos continentes también hay una enorme distancia: en habla inglesa se llama #metoo y se pide más palabras que “rape” para hablar de la violación, se acusa a directivos de hollywood (todos sabemos que es eso), se piden más políticas, se llama a la unión, se convoca a un paro nacional (España); mientras tanto en Latinoamérica, la versión cercana llamada #NiUnaMenos aún habla de que no se nos mate por ser mujeres o sentirse así (compañeras transexuales –casi anónimas -).

Si analizamos la historia, Europa por “necesidad” tuvo que ir a explorar. Llego a hermosas indias, áfricas, polinesias. Europa tomó y sigue tomando. Es como si desde Europa todo el mundo se pudiera observar hacía abajo. El café llega de allá, las papas de acá y el vino, bueno. He encontrado toda clase de super foods armoniosamente servidas en restaurantes hipters veganos y vegetarianos. Lo felicito y como ahí. A la vez que sospecho que el plátano de África, la quinua de Perú y los frijoles negros de Thailandia; probablemente alimenten menos a los lugareños, pues los productos orgánicos son de exportar, y se vuelven caros para ellos. Los lugareños, que por economía o alienación, quizás estén comiendo papas fritas con gaseosas. Atacados por males derivados de consumir gluten, azúcar o demasiado yodo; quizás estén tomando suplementos de vitaminas aconsejadas por la televisión o por el mismo estado. Así sucede en los andes y selvas de Perú. Y no es que siempre haya sido así, los lugareños han tenido a la quinua a la mano, a los plátanos y los peces de río; pero el veneno del fertilizante ya está presente, la moda de los comerciales dicta qué es delicioso comer y lo adictivo del azúcar nos mantiene infantiles. Lo que existe una enorme y conveniente desinformación.

Hay días en que, debido al alcance cercano y personal de la realidad del mundo, yo también siento que el mundo es pequeño. Que todo está al alcance de la mano, la lógica, el tiempo o el simple deseo. Que si quieres algo puedes trabajar y conseguirlo, directamente. Luego noto que ese despertar se contrasta con la realidad, por distintas circunstancias, tales como: dónde naciste, la información que llegó a ti, las heridas que dejó la religión en tu territorio, las creencias de tu familia, la identidad sexual,  el clima con el que más conviviste, que tan acompañada estuvo tu madre en tu nacimiento.  Maneras de pensar, vibrar, calcular y ejercer se (la ciudadanía y gobernanza).

Es tan amplio, que volver a lo básico hace que aprecie más cada interacción humana, el sol (aunque no caliente tanto en estos lares) y a la fortalezas juntada a través de experiencias. Confió en lo que la sabiduría de las plantas una vez me dijeron y me abro a recibir las experiencias del hecho de estar viva. Comunico lo que observo, a modo de testigo, como parte de la amalgama de contrastes. Y también, por la bendición de ser parte de tantas minorías. En esta sociedad de altos grados de civilización lógica; conservo, a pesar del todo, claridad emocional.

Varias vidas dentro de esta la vida. Pido, reparto y me abro a recibir más. Pido por mis amigos y amores; por los que conozco y los que aún no. Pido por mi niña interior, para que quiera salir a jugar, para que se concentre con naturalidad. Le pido a mi adulta, sentido de aventura, activo optimismo.

De pronto es todo más simple, beso a mi compañera y vuelvo a salir a la calle, a la aventura de todos los días.

Lima - Aalborg

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