En el mes del orgullo LGTB: un mensaje al marica

Ayer mis compañeras del colegio me saludaron por el “Pride day” (día del orgullo), me alegré tanto del saludo como de haber olvidado el día. Es que me pasa que me olvido de que técnicamente “soy lesbiana”, porque se me olvida que sea una definición que me abarque. Se me olvida que soy de “provincias”, que soy “charapa”, “ingeniera”, “latina”, “mestiza”, “escritora”, “poeta”, “charanguista” y un largo etcétera de etiquetas que se me podrían yuxtaponer. Me he dado cuenta que, según espacios, esas palabras resultan ser un obstáculo (o una facilidad). El trato se modifica según la circunstancias e interlocutor: el obstáculo cumple un rol. Si me dijeran alguna de esas palabras y me molestará, tendría que buscar dentro para “¿ver quién en mí se molesta?”, “¿quién en mí reacciona?”. Y les invito a hacer lo mismo si algo que les dice otro les fastidia.

Ninguna definición se puede buscar afuera, el espejo solo devuelve el reflejo. Si yo buscara mi identidad en una sociedad, de mente colonialista; instalada en algunas pupilas, sin sentido de amor, alma, consciencia o humanismo; me perdería. Una sociedad que divide no puede definirme. Entonces, me pongo de pie y tomo mi responsabilidad. Observo mi presente ¿me define ser lesbiana? Sí, es mi presente. El tiempo pasa, la vida, las etapas ¿Lo sigo siendo? Sí. Entonces, sigo siendo. Es mi verdad. No me importa el porqué, los científicos, si las leyes lo aprueban, qué dicen los libros sagrados, si los grandes sacerdotes me bendicen o no, e incluso, si mi amada familia me sigue el ritmo; mientras ellos se ponen de acuerdo y la sociedad se plantea filosófica y legalmente la existencia de seres de sexualidad no heterosexual. Yo solo soy. Muchos somos. Y esa es la gran batalla en la que todos los humanos nos encontramos: ser uno mismo.

Cuando uno empieza a comprender que el respeto es la base de todo (incluso del amor) y que lo más saludable es no juzgar. Y vamos, es desafiante: todos estamos en esa danza de ser sociales y a la vez animales. Día a día, se vuelve a comenzar. Es un renovado compromiso y calidad de atención: CON UNO MISMO y luego, con nuestra comunidad (mundial).

La vida es sumamente interesante, sobre todo cuando te golpea. Cuando te preguntas ¿qué he hecho yo? Por favor, te digo porque me digo: no te permitas ser una víctima. Mi interés en compartir esta reflexión es parte de mi responsabilidad como testigo. Es una invitación a no esperar a que las cosas te caigan. Sea cual sea tu batalla diaria. Si, por ejemplo, es ser LGTBIQ (Lesbiana, gay, transexual, bisexual, queer) en Perú, o en cualquier otra parte del mundo; te cuento que se puede, al menos el 10% de la población mundial, estadísticamente, lo es; pese a que las leyes no nos sigan el ritmo y a que todavía tengan que haber desde letreros o leyes que “prohíben la discriminación”. No es terrible observar aquello, es ridícula y armoniosamente humano.

Es cierto que hay discriminación negativa, segregación, violencia y muerte; la lucha, lleva siglos y los diferentes estados de guerra están sucediendo por razones más o menos absurdas como un muro, petróleo, un credo o una preferencia sexual; pero no es lo único que hay. También está la alegría del encuentro con otros o la empatía de una consciencia ajena transformada. Es un reto social que la consciencia a conquistar sea, por ejemplo, la de tu padre o la de tu madre; y siempre podrás elegir, no solo intervienen los condicionantes de la infancia sino la moral pública como país, aquello que nos hace esclavos de las apariencias.

Luego, sigue simplemente asumir tu verdad y conforme el tiempo pase, entender QUÉ ES SER TÚ, y luego que eres un ciudadano. Otra cosa que suma, es hablar, amar en voz alta; pero eso ya es optativo de la libertad que te tomes. Se puede elegir; se puede vivir felizmente homosexual en privado. Solo, por favor, procura tu propia coherencia: es mejor el anonimato que la angustia de la mentira por apariencia. El otro camino, es el menos transitado: al mejor modo de un patito feo buscar a la banda de cisnes a la que perteneces; porque amor homoerótico ha habido, hay y habrá mientras existan humanos.

Es ciertamente desafiante en un país tercermundista; pero vamos, el mundo es enorme, no te rindas; todo mejora. Da tu cuota de esfuerzo, es por ti, y como observación: solo tienes una vida y esa liberación que ansias, HELLOU, es: ahora.

Como esperanza te digo: hay algo más allá.

¿Y sabes qué hay más allá?
Amor consciente, unidad familiar, suficiencia material y bienestar sexual. Eso hay. Doy fe partiendo de lo único que se puede realmente aprender: de la experiencia.

Échale ganas, marica 😉

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