La disciplina y los libros de Brian Weiss

Sueño que estoy en un mercado lleno de frutas de distintos lugares, algunas que he visto y otras que no; maduras y llenas de colores, me detengo sorprendida en cada puesto. Suena el celular, es mi hermano: “mamá va a pasar por el mercado, sal a saludarla” me dice.
Salgo del mercado, afuera está una combi color café claro, de ella bajan veinteañeros y de pronto baja mamá, está con un poncho de alpaca. Nos abrazamos; no quepo en mi cuerpo de contenta, no sabía que pasaría por ahí, siento que no la veo hace mucho, muchísimo y ahora noto que no tuve la consciencia de aquello a lo que le decimos muerte. Ella luego de abrazarme, me mira profundamente y me dice alegre que ha estado viajando en esa combi con toda esa gente joven, como de mi edad:
– “Hija, estos chicos son súper talentosos, son deportistas o acróbatas, muy inteligentes, donde paramos entrenan y ¿sabes qué tienen? DISCIPLINA; tú también practicala, hijita”.
De pronto amenaza la lluvia, todos suben a la combi de nuevo y mamá hace un gesto como de “¿vamos?” No sé a dónde van, pero no importa y ella sabe que me subiré con ellos. Con una pierda dentro y a punto de darse el impulso para dentro del automóvil parece recordar algo y me hace una pregunta:
– Hija, ¿tú has leído los libros de Brian Weiss?
– Sé quién es, pero no creo mucho en eso; mamá
– Creélo hija, porque es verdad – sonríe, le sonrío y se siente calma de complicidad.
Me sorprende que me recomiende libros y más el que me dice, pues Brian Weiss habla de vidas pasadas y de la reencarnación. Le cuento que es la tercera persona que me recomienda ese autor, que la primera persona fue el Doctor Castañeda en Chachapoyas y que tengo pendiente leer el libro: “Muchas vidas, muchos maestros”.
Subimos a la combi, ella se acomoda al medio de la última fila y yo me siento a su costado. Se siente alegría de colegio entre los viajeros y se escuchan bromas hasta que la lluvia habla más fuerte que todos. Veo las gotas resbalarse por el vidrio de la ventana y le digo que ese es mi lado favorito para viajar. Luego me recuesto en su hombro, cariñosa; es incómodo por lo pequeña que es la combi.
– Ven, recuéstate en mis piernas – me dice
Me acomodo de costado, su poncho suave es perfecta almohada, ella me acaricia el cabello tiernamente y dice:
– Me acuerdo cuando eras chiquita y ahora… que grande estás.
Cierro los ojos entre sus manos de algodón y luego despierto.

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