Sueños de hamaca

Había soñado con colgar mi hamaca, pero no puedo: mi herida fresca arde y estirarme para amarrarla se siente como la caída de un rayo en mi columna. La señora de Huancayo me ayuda y se pone al lado. Su nombre es Amancia. Desde ese momento conversamos, nos seguimos para ir a comer mientras me habla de la farofa o la farinha, del bar del tercer piso donde las mamás ofrecen a sus hijas adolescentes o de los libros que ha leído. Nos cae mal el otro peruano, Aldo. Cuando le digo mi nombre el tipo suelta un comentario de: “Qué, ¿tus papas son hippies?”. A pesar de que su actitud me irrita esa pregunta me hace pensar en un “ojalá”.

Harta reflexión mirando el horizonte con el río Amazonas de fondo, para mí es trascendental, el viaje de mi vida hasta ese momento; para otros es lo típico lleno de “nada que hacer” por horas. En el barco hay turistas “gringos”, escucho Francia, Inglaterra, Holanda. Hay un borrachín que tomó un día y medio sin parar hasta que se le acabo el dinero. Una niña me ayudó a aprender portugués y luego contó que ese viaje era para ir del pueblo a la ciudad huyendo de su padrastro; su mamá, sus dos hermanitos y ella. Jodidos historias.

La zona del bar es de alto cortejo. Uno de los chicos franceses va donde una gordita indígena y trascienden el idioma en un acuerdo de manos y sonrisas, luego van hacia la zona de camarotes.

Hay mucha propaganda anti transporte de droga y comercio sexual, militares suben a los barcos y apuntan sus linternas a las caras junto a perros ansiosos. Se siente una gran parafernalia.

De conversadora paso un día entero en la popa del barco con el capitán, me cuenta de la naturaleza de cada navío que pasa y cada cosa que flota en el río, de sus treinta años yendo y viniendo por el mítico Amazonas, me cuenta que se ha leído la Biblia cuarenta veces. Me cuenta de su vida, sus hijos, de su adicción al alcohol, de cómo tocó fondo algunas veces. Me cuenta de un turista alcoholizado murió al tirarse al río y caer… el espíritu de ese turista aún camina por el barco, me dice, familiarizado con esa presencia.

Me contó varias frases:

– “Cuando la cabeza no piensa el cuerpo sufre”
– “No te preocupes, ninguna de tus lágrimas se ha perdido”
– “Todos nosotros vamos al mismo lugar”

Río Amazonas - armonía

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