Dos días en Tabatingas

Hay música popular de las tres fronteras: vallenato, fago y cumbia. El lado de Colombia es ordenado, el de Brasil desordenado y el de Perú el más pobre. Un sol es un real y mil pesos. Se habla español y portugués en graciosa y alternativa danza. Hay inundación y el río se tragó a los pueblos de las orillas, al avanzar el barco se ven los techos de lo que fueron las casas. En una plaza se puede hoy pezcar.

Hay muchos homosexuales, tantos que los bares tienen tres baños: hombres, mujeres y GLS (Gays, Lesbianas y Simpatizantes ) Estoy mega sorprendida y los pobladores absolutamente acostumbrados. Al llegar converso con Camilo (peruano, el mejor estilista de Tabatingas) y con Lucas, amigo de él, brasileño e indígena, es diseñador de ropa y vive en pareja desde hace 20 años con un profesor de Literatura. Es alegre, muy directo y feliz. Dice que cuando está estresado lo que más le relaja es un orgasmo, “¿no, amor?” Le dice a su tímido consorte.

Al día siguiente me paseo en moto con José, pareja de Camilo. José tiene 20 años y se prepara para la universidad. Es mitad brasileño y mitad colombiano. Un caribean guy hermoso y lozano.

Adoro escuchar portugués aunque me pierda el setenta por ciento de las conversaciones. Veo nuevas marcas de las mismas cosas, pero diferentes. La tristeza de dejar se llena de la alegría de lo nuevo: SÍ, ¡ES BRASIL!

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