El punto de quiebre

Un chico de Iquitos solía trabajar en una peluquería y ahora estudia ingeniería agroindustrial.

Tuvo un enamorado cuatro años, vivieron juntos. Ese chico se fue. Me contó las vicisitudes de pareja, de cuando se conocieron, las idas y vueltas. Me contó sobre su viaje a Lima, de una amiga suya que le llevó y le tuvo como empleado, limpiando y cocinando.

Luego fue ayudante de estilista, le pagaban cincuenta soles semanales ($ 16). Por los adelantos que pedía, a fin de mes solo le daban diez ($ 3 ). Él tenía diecisiete. Un día un amigo suyo le dijo que era fácil ganar plata, solo tenía que ir a un parque bien cambiado y que naturalmente los hombres se le acercarían, le enseñó la ruta.

-“Toma ese carro, pregúntale al cobrador por el parque Kennedy y te bajas donde te diga”-.

El primer día se hizo ciento veinte soles, el siguiente doscientos. Con el tiempo tenía clientes fijos. Llego a estar en una agencia de chicos donde los clientes van y eligen al chico.

No sé el punto de quiebre, pero un día él volvió a Iquitos a estudiar ingeniería y a vivir sólo.

©Auria Paz Aguilar
Junio 2015

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