Nada es nuevo bajo el sol

Cuando tenía diecinueve años descubrí que no era heterosexual y entré en pánico.

Venir de la provincia hacía Lima había sido traumático en sí mismo ¿y ahora? ¿Por qué me pasa esto si soy buena?. Evasión y lucha interna, hagámos otras cosas que este ítem de la vida seguro no es tan importante, me dije; hay trabajo, cursos, cosas que hacer. Hay chicos lindos.

(Pero el ser busca ser lo que realmente es de diversas formas y brilla aunque lo guardes en la oscuridad).

Una de las cosas que más pena me daba era la destrucción de mi futuro imaginado. Mis expectativas. Más allá de los veintitantos no había nada.

¿Qué tenía que hacer? Aceptar. Tres psicólgos, un psiquiatra, sertralina y mucho tiempo perdido después, decidí simplemente explorar. Leí libros especializados, vi documentales, visité miles de páginas webs. Los homosexuales eran raros, pero seguramente existía alguien bueno, yo no les conocía (eso creía) pero seguramente existían. Los prejuicios me cegaban. Me sentía absolutamente sola: no habían referentes en la tele, las opiniones de mi familia eran pésimas, todo era burla. Supongo que si hubiera podido elegir, en ese momento hubiera preferido morirme. Wao, cuánta distancia con el hoy en que siento que todo aquello ha sido una bendición.

6 ó 7 años me ha tomado rejalarme al respecto. He explorado lo más sublime y lo más terrible, y me quedo con la certeza de que seré lo que he venido a ser, conforme lo vaya descubriendo. La homosexualidad o la heterosexualidad son detalles en el matiz: el sexo siempre será hermoso si hay amor de por medio, admiración, vida.

Hace un par de semanas viajé al norte y gracias a las referencias de una querida amiga llegué a conocer a una pareja de chicas que lleva 10 años juntas. Ellas son Argentinas, se unieron civilmente y se casaron en cuanto el matrimonio se volvió legal. Digamos en resumen, que podrían tener una forma de vida cómoda allá, pero una suma de acontecimientos, anhelos y decisiones las ha guiado a vivir cerca a Zorritos. Cruzaron  latinoamérica en su auto junto a Pina, su perrita de 5 años (que por cierto tiene una gran personalidad) y ahora viven ahí donde ven, en una casita de barro hecha por ellas mismas. Son voluntarias, aprenden y enseñan en el camino “siempre tratamos de dejar huella, dejar las cosas mejor de lo que encontramos” me dicen.

En un tiempo deben venir a Lima para ir a la cansillería y pedir que les reconozcan el matrimonio acá en Perú también, por cuestiones de extranjería y demás. ¿Y saben? Su pedido justo hará mucho bien. Cuando lo hagan hay que ayudarles, nos ayudaremos.

Una tarde con luz de atardecer ellas pintaban una casa de rojo, yo estaba conversando con ellas y sonó “Noche de bodas” de Joaquín Sabina. “Esa fue nuestra canción de vals cuando nos casamos ¿no, amor?”, le dice Juani a Marce. “Sí, que canción más bella”, dice Marce, la mira y se pone a tararearla.

¿Que lindo ejemplo, no? Podría incluso ser efímero, pero la fuerza del recuerdo rescatará lo que valga. Esa es la fuerza del ejemplo. Gracias Juani y Marce; así quiero el futuro para mí y para otr@s

juani y marce

“Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.”

Publicado inicialmente en: armoníaentropía el 2014

©Auria Paz Aguilar
2014

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